LACOLUMNA DEL DIRECTOR / LA PERFECTA SOBERBIA

criticano6.jpgPor Adolfo Ramos Rosales (Semanario Crítica) 

El gobernador de Jalisco Emilio González Márquez cruzó la línea del no retorno, del punto de quiebra. Políticamente quedó marcado al regalar los dineros del Estado para la construcción del Santuario de los Mártires. El fondo de esto va más allá de los 90 millones que tomó de las partidas discrecionales que premeditadamente, según hoy se ve, diseñó en el presupuesto del 2008.

 Son 56 mil millones de pesos lo que tiene a su alcance el Ejecutivo del Estado y presionó al Congreso para que así se lo autorizaran en aquellos últimos días de diciembre del 2007. Los diputados panistas coordinados por Jorge Salinas Osornio querían hacer adecuaciones al presupuesto, pero finalmente el gobernador Emilio González logró que quedaran esos huecos oscuros de donde echó mano para los generosos donativos.

Ya antes, desde los inicios de su administración, hace un año, regaló a una empresa televisora 67 millones.

Después lo repitió, con otros 30 millones y firmó compromiso de entregar otras nueve cantidades similares cada año al Centro de Rehabilitación Infantil Televisa.

Más reciente, se exhibió, y a Jalisco también, con otros regalos para financiar telenovelas.

De todo eso se fue llenando un vaso y finalmente una gota de 90 millones de pesos lo derramó.

Esta ocasión la repulsa pública fue llena de indignación. Funcionarios de primer nivel como el alcalde Petersen y otros diputados manifestaron su desaprobación a los actos del gobernador Emilio González.

El capital político que tenía, el carismático desenfado que mostraba, ya se le acabaron al jefe del Ejecutivo de Jalisco.

En silencio, con la ciudad semi vacía, en una época de asueto para unos y reflexión para otros, el gobernador dio un albazo a  la sociedad que lo eligió.

El punto de quiebra ya le llegó y ahora al gobernador le queda el camino de rectificar y disculparse públicamente o seguir el sendero de los dictadores que terminan siendo unos perfectos soberbios. De hecho, en nuestra democracia, usted los elige, pero en realidad lo que les da es una carta en blanco y firmada.

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