Inminente el despido de Mouriño en Gobernación
La versión de la salida de Juan Camilo Mouriño de la Secretaría de Gobernación corrió fuerte en la capital de la república el miércoles 26 de marzo en la sesión del Congreso de la Unión con la inesperada visita del embajador de México en España Jorge Zermeño Infante, ex alcalde de Torreón, Coahuila, ex senador y presidente de la mesa directiva de la legislatura que en el 2006 le entregó la banda presidencial a Felipe Calderón, en esos primeros ríspidos tiempos de la oposición perredista.
Zermeño es hombre muy cercano en los afectos del presidente Calderón y podría ser el sucesor de Juan Camilo Mouriño al agotársele a éste el poder de interlocución y calidad moral para dirigir las reformas energéticas que propone la administración federal.
Las denuncias públicas del líder perredista del Frente Amplio Progresista Andrés Manuel López Obrador contra los manejos de la familia Mouriño en sus negocios con PEMEX parece que le dieron un golpe a las aspiraciones políticas del hasta el sábado todavía secretario de Gobernación.
El reportero de El Universal Fidel Samaniego hizo una sabrosa crónica de la visita de Jorge Zermeño:
“Una visita interesante, significativa. El hoy embajador de México en España, ex presidente de la Cámara de Diputados, Jorge Zermeño Infante, estuvo ayer en el Palacio Legislativo de San Lázaro. Y su presencia provocó evidentes inquietudes, especulaciones y bromas en serio:
Javier González Garza, más tarde, respondía a preguntas de los reporteros sobre la posibilidad de cambiar el formato del informe presidencial. Alguien le comentó que el panista Héctor Larios había dicho que las discusiones están atoradas. “No se dónde se atora él. No tengo la menor idea. Pero ya anda por ahí Zermeño. ¿Lo vieron? Tal vez anda ahí…”, expresó el perredista.
—¿Coucheando? —le interrumpieron los reporteros.
—Yo no sé si couchando pero… como hay una vacante, habrá una vacante en la Secretaría de Gobernación, pues ahí anda él. Vamos a ver que pasa —fue la contestación del sagaz Javier González Garza.
Jorge Zermeño Infante de regreso en México. Temprano se reunió con Héctor Larios en el restaurante de la Cámara de Diputados. Otro encuentro con los legisladores panistas, el de su dirigente nacional, Germán Martínez Cázares, que había sido cuidadosamente preparado se canceló con el mismo sigilo. El embajador en España fue luego a reunirse con sus compañeros de partido. Más tarde platicó con la presidenta de la Cámara baja, Ruth Zavaleta. Luego, con ella bajó al salón de sesiones. Christian Castaño, quien dirigía los trabajos anunció por el micrófono su presencia. Hubo aplausos.
Y sin prisas, seguido por decenas de miradas, Zermeño Infante caminó hasta encontrar a los miembros de la bancada del sol azteca. Ahí, los saludos cordiales, las escenas que despertaban los comentarios. El recorrido continuó. También hubo abrazos con el priísta Emilio Gamboa y los que estaban cerca del él. Y más conversaciones con sus correligionarios.
“¡Señor secretario de Gobernación!” Le dijo alguien. El embajador no respondió, enrojeció…
Poco después de las 4 de la tarde se agotaron los asuntos. Y una pregunta volaba en San Lázaro: “¿De la Gran Vía a Bucareli?”
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