Por Joel Huacuja (semanariocritica.com)
Hoy y en Jalisco no es Plutarco Elías Calles, es Francisco Ramírez Acuña el Jefe Máximo en la política del Partido Acción Nacional. El hombre de Jamay es un tigre al acecho lleno de poder y paciencia cubierto por el follaje del silencio y la discrecionalidad.
Se equivocaron quienes pensaron que como ex secretario de Gobernación Francisco Javier Ramírez Acuña regresaba derrotado y sumiso. En Guadalajara sentó en público al gobernador Emilio González y dominó la escena. En otro acto, su sucesor en Gobernación Juan Camilo Mouriño se vio como un cachorrillo asustado ante los rugidos de Andrés Manuel López Obrador, otro tigre pero con rayas izquierdas.
Mientras en Guadalajara Francisco Ramírez Acuña montaba el escenario de la comida con el gobernador González en el restaurante La Vaca Argentina, en México López Obrador dirigía la orquesta en un hostigamiento de crecimiento gradual contra el secretario de Gobernación Juan Camilo Mouriño.
LA TEORÍA DEL “COMPLÓ”
Primero fueron petardos sobre la nacionalidad del funcionario nacido en Madrid, España, en 1971, y nacionalizado a los 18 años de edad como mexicano. Las reformas constitucionales en la era del presidente Carlos Salinas de Gortari ya no impedían que Mouriño fuera presidenciable. Los ruidos eran simples movimientos de mago para ocultar las mangas y el sombrero. En la guerra le llaman fuego de distracción.
Días después en febrero y principios de marzo López Obrador soltaba bombas de verdad con información real sobre los negocios familiares de Mouriño y la empresa de transportes especializados Ivancar, en donde aparecían sus firmas como apoderado y de auto autorización en negocios con PEMEX.
Juan Camilo guardó silencio, no tuvo capacidad de respuesta pronta y su imagen de joven inteligente y poderoso segundo hombre en el Gobierno de México se derrumbó.
Una larga semana después del bombardeo lopezobradorista Juan Camilo Mouriño da la cara y se presenta en el noticiero de mayor audiencia nacional con Joaquín López Dóriga y con el rostro tenso, con miedo, no da respuestas satisfactorias sobre las suciedades evidentes de tráfico de influencias y otras cuestiones de los negocios con PEMEX.
López Dóriga, el Teacher, se desespera y cuestiona con firmeza en busca de respuestas adecuadas o desmentidos creíbles y finalmente ante la presión del interrogatorio periodístico aparece la sombra del Tigre de Jamay, el ex secretario de Gobernación. Juan Camilo no lo dijo, claro, en público porque era difícil que en esos días de los sorpresivos ataques tuviera pruebas, sólo sospechas, que lo hicieron balbucear que “el presidente (Felipe Calderón) sabe de donde vienen esos ataques”. La respuesta de Juan Camilo desconcertó al maestro López Dóriga, pues él y todo México sabían que “los ataques” eran directísimos del político tabasqueño Andrés Manuel López Obrador. Segundos después el secretario de Gobernación se retiraba de las cámaras y López Dóriga se quedó rascando la cabeza, al igual que miles de televidentes.
Aquí en Jalisco, a esas horas de la noche, imaginariamente el Tigre bostezaba divertido con el control de la TV en la mano.
En México, un Pejelagarto con colmillos de elefante se quitaba la chistera de mago y se sumergía silencioso en las profundas aguas de la política nacional, con un maletín todavía lleno de trucos.
EL DOCTORADO DEL TIGRE
Francisco Javier Ramírez Acuña se doctoró en política nacional en el Palacio de Bucareli, sede de la Secretaría de Gobernación. En un año, del primero de enero del 2007 cuando tomó posesión al 16 de enero del 2008 que leyó su renuncia, mantuvo un bajo perfil hacia fuera de la sociedad y dejó que algunos distraídos del gabinete pensaran que el mando lo tenía el jefe de la Oficina de la Presidencia, Juan Camilo Mouriño, el hombre más cercano al presidente Felipe Calderón.
Desde su arribada fue “grilleado” desde Los Pinos y en el medio periodístico circuló que pronto saldría despedido el jalisciense. Le pusieron los amigos de Mouriño etiquetas de ineficiente, represivo y gris. El propagado caso de los globalifóbicos detenidos y encarcelados en 1998 durante los disturbios de la cumbre económica en Guadalajara cuando era alcalde le colgó la fama de duro. Las organizaciones de derechos humanos nacionales e internacionales todavía lo usan de “ejemplo” para sostener sus presupuestos e intereses.
Con todo eso en contra, Ramírez Acuña se dedicó a trabajar en serio y se reunió con los actores políticos de todo el país y en un breve recuento de sus logros, que no le fueron reconocidos por no convenir a los intereses de Mouriño y su miopía política, para decirlo con suavidad, están la salida aterciopelada del áspero y duro Manuel Espino de la presidencia nacional del Partido Acción Nacional, en una callada y efectiva operación política que le dejó el camino franco al secretario de la Función Pública, Germán Martínez Cazares, mandado a batear al CEN del PAN por el presidente Calderón, para saldar cuentas con los de la derecha-derecha de su partido. Martínez Cazares y Ramírez Acuña, además, son amigos y hasta la fecha mantienen excelente relación.
Qué le dijo, qué le supo, cómo lo hizo, sólo Espino y Ramírez lo saben. El ex presidente Vicente Fox aliado de Espino fue el otro sentado por las artes del secretario de Gobernación. A Fox le dijo que “los que se van se callan” y desde entonces el grandote de Guanajuato sufrió un ataque de mudez.
Otro punto visible de las operaciones de Ramírez Acuña fue en la ceremonia del primer informe de gobierno de Felipe Calderón. Los bulliciosos perredistas de las cámaras de senadores y diputados y hasta Andrés López Obrador se voltearon a otro lado y el mandatario dijo su informe en un clima de paz.
Esas acciones públicas fueron percibidas, pero en las profundidades del poder político y público quedaron muchas cosas que se trajo bajo las mangas desde las entrañas mismas el ex gobernador jalisciense Francisco Javier Ramírez Acuña, de quien se dice que quedó como gran amigo y aliado del presidente Felipe Calderón.
LA CONEXIÓN PRD
En las primeras semanas como secretario de Gobernación Ramírez Acuña y los líderes del Frente Amplio Progresista (FAP) entablaron relaciones y acercamientos además con los dirigentes de los partidos opositores, como lo documentó el periodista Jorge Ramos el 29 de marzo en el periódico El Universal, con datos oficiales de la agenda y registros telefónicos que obtuvo en una petición de Transparencia.
Ramos escribió: “De acuerdo con los documentos oficiales, Navarrete comió con Ramírez Acuña el 19 de febrero en el restaurante Champs Elysees. Además está el registro de tres llamadas telefónicas entre Ramírez Acuña y Navarrete, el 31 de enero, el 28 de febrero y el 1 de marzo de 2007…
“El responsable de la política interna del país también ha hablado por teléfono con Javier González Garza, coordinador de la diputación perredista”…
Ese esbozo de las actividades oficiales de Ramírez Acuña es sólo pálido reflejo de las intensidades del quehacer político del Tigre de Jamay. Lo demás, los acuerdos, las negociaciones secretas, quedan en eso.
A dos meses de la renuncia de Ramírez Acuña de la Segob y ante la inminente salida de su sucesor Juan Camilo Mouriño, por su insostenibilidad al agotarse su capacidad de interlocución para llevar adelante la reforma energética, las cuentas pendientes estarían saldadas para el de Jamay, quien seguiría como el hombre fuerte de Jalisco y del panismo, cercano al presidente de la República y del presidente del PAN Nacional, Germán Cázares.
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